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Historia de Calahorra
Calahorra es una de las ciudades más antiguas de La Rioja. Ya ha
celebrado el bimilenario de su fundación, pero la presencia humana en la
zona es muy anterior. Mil años a. de C. grupos de cultura indoeruropea
comenzaban a asentarse en esta comarca. En Murillo de Calahorra, el
Vallado, Campobajo, la Torrecilla, Perdiguero, Sorbán, la Marcu o en la
misma meseta donde se levanta Calahorra, han aparecido evidencias
arqueológicas que así lo demuestran. Para el segundo siglo a. de C.
estas poblaciones dispersas desaparecen y surge con fuerza la Calagurris
ibérica como importante centro urbano de toda esta zona.
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En el siglo I a. de C. la presencia romana y su influencia es completa.
Tiberio Sempronio Graco funda Gracurris (Alfaro), que se convirtió junto
con Calahorra en la cabeza de puente para la posterior anexión militar de
la Meseta. Por esta época en Calahorra se desarrolló con especial
virulencia el enfrentamiento de Sertorio contra los generales Pompeyo y
Metelo que querían devolver a la metrópoli del Imperio las tierras de
Hispania.
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Del asedio y destrucción de Calahorra en el año 72 surgen las
leyendas que convierten a nuestra ciudad en una segunda Numancia, capaz de
resistir hasta el último hombre. Aquí se acuñó la célebre "fames
calagurritana" para justificar la necesidad de los sitiados de comer
carne humana para poder sobrevivir. También la leyenda de la Matrona,
última mujer superviviente, que hacía fuego por las noches en todas las
cocinas del pueblo para que el humo de las chimeneas engañara a los
enemigos y les hiciera creer que todavía quedaba mucha gente con vida.
Bajo los reinados de Augusto y de Tiberio, Calahorra alcanza un gran
esplendor. Había foro, teatro, termas, baños y un lago artificial para
juegos que ocuparía lo que hoy es el Paseo del Mercadal. De esta época
procede la "Dama de Calahorra", bella cabeza de una Minerva
Pacífica, de mármol blanco que podemos contemplar en el Museo Municipal.
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Por primera vez se cita a Calagurris en relación con la religión
cristiana con motivo del martirio de Emeterio y Celedonio, dos hermanos,
soldados de la Legión VIIª Gemina. Lamentablemente la oscuridad
documental que rodea a estos dos personajes hace imposible cualquier
conjetura histórica que pueda satisfacer nuestra curiosidad. La fecha de
su muerte debió ocurrir hacia el año 300 y la tradición supone que el
escenario donde ocurrió el martirio sería la zona donde hoy se levanta
la Catedral. Lo que es incuestionable es que muy pronto fueron tomados
como símbolos y ejemplo a seguir por la comunidad cristiana en rápido
crecimiento. Hoy, todavía siguen siendo considerados los patronos de
Calahorra.
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El año 348 nace otro célebre personaje: Marco Aurelio Prudencio. Tres
ciudades se disputan el privilegio de ser su lugar de nacimiento,
Tarragona, Zaragoza y Calahorra, pero nuestra ciudad es la que cuenta con
más argumentos a su favor, y aquí es donde pasó sus últimos días. Fue
abogado y desempeñó altos cargos en la Administración romana de la
época, siendo Gobernador de importantes ciudades. Escritor prolífico,
redactó un conjunto de unos veinte mil versos en composiciones métricas
que seguían los ritmos latinos clásicos. Con toda justicia se le ha
considerado el educador de Europa durante la Edad Media. Es,
indudablemente el calagurritano de más proyección universal y el autor
de una obra sin cuyo conocimiento es imposible comprender la cultura
medieval europea.
En este mismo siglo IV se formaría la sede episcopal de Calagurris,
que con el tiempo llegaría a ser la capital religiosa de gran parte del
Norte de la Península, abarcando desde la Cordillera Ibérica hasta el
Mar Cantábrico. Los datos de los primeros obispos nos son desconocidos,
pero en el siglo V tenemos ya perfectamente documentado la existencia de
un obispo calagurritano, de nombre Silvano, de gran prestigio en su
época.
Durante la dominación árabe Calahorra fue una ciudad codiciada por
musulmanes y cristianos dada su importancia estratégica. Fue conquistada
y perdida varias veces. Por fin, el rey García III el de Nájera la
conquistó para el Reino de Navarra en abril del año 1045. A partir de
esa fecha fueron los reyes navarros, aragoneses y castellanos quienes se
la disputaron encarnizadamente.
El año 1255 el rey D. Alfonso el Sabio concedió el mercado semanal
que todavía hoy sigue celebrándose. En el año 1366 fue proclamado rey,
en esta localidad, D. Enrique II de Trastamara. Los Reyes Católicos
expulsaron a los judíos de España y donaron a la Catedral de Calahorra
la importancia sinagoga judía que se levantaba en lo más alto de nuestra
ciudad y que fue convertida en ermita bajo la advocación de San
Sebastián.
La conquista de Navarra por los Reyes Católicos en el año 1512,
supuso la definitiva pacificación de la frontera militar castellana con
Navarra y Aragón, lo que significó un gran alivio para las gentes de una
ciudad que han sufrido, a lo largo de la historia más asedios que
ninguna.
En el siglo XVI desarrollaron su actividad en Calahorra personas de
gran valía intelectual, incluso humanistas, como el Deán Ortuño. En ese
ambiente se crió el carmelita Juan de Jesús María, escritor religioso
de alta calidad.
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Fue sede del tribunal de la Inquisición durante 50 años. En esta
época se asentaron diversas órdenes religiosas y se produjo una gran
actividad constructora. Sin Embargo, perdió el papel fronterizo y
militar, dejó de ser la primera ciudad de la región en beneficio de
Logroño.
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A partir de ese momento, su principal función siguió siendo la
religiosa y los eclesiásticos el grupo social más influyente. De ellos
dependían el hospital, el estudio de gramática o el teatro. Influían en
la política local ya que con frecuencia respaldaron acciones contra el
mal gobierno de la ciudad. También era el grupo social que reunía el
mayor número de propiedades agrícolas y urbanas.
El siglo XVIII debió ser un período prospero a tenor de las
abundantes construcciones de la época que se conservan y por los
numerosos artistas, calahorranos o no, que ejercieron su actividad y
tuvieron taller abierto en Calahorra.
En el siglo XIX se produjeron dos hechos decisivos para la
transformación de la ciudad: la llegada del ferrocarril y el desarrollo
de la industria conservera. Ambos provocaron la expansión urbana fuera de
las murallas del siglo III. Es significativo que el mismo año que llegó
el ferrocarril a Calahorra (1863) se derribase la puerta principal de la
muralla, "La puerta Vieja".
En 1867 se termina la construcción del puente de hierro, recientemente
desaparecido, que sustituía a otro de madera de 1845, y que modificaba el
trazado de las carreteras y el acceso a la ciudad que había subsistido
desde la época de los romanos.
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La industria con el desarrollo social y financiero y su dependencia del
transporte del transporte, introdujo nuevas exigencias urbanísticas y
nuevos modelos arquitectónicos.
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La modernización del siglo XIX impulsó con tal fuerza la vida de la
ciudad que hoy ha cuadruplicado su extensión, aunque a costa del
deterioro de la ciudad histórica, cuya lucha contra estos problemas
empieza a dar fruto.
En los últimos tiempos Calahorra ha reforzado su papel de cabecera de
comarca dotándose de servicios sociales, administrativos y urbanos; ha
creado espacios verdes y de ocio y une a su dimensión histórica una
faceta moderna y dinámica.
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