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5 de SEPTIEMBRE de 2010

Historia de Calahorra

Calahorra es una de las ciudades más antiguas de La Rioja. Ya ha celebrado el bimilenario de su fundación, pero la presencia humana en la zona es muy anterior. Mil años a. de C. grupos de cultura indoeruropea comenzaban a asentarse en esta comarca. En Murillo de Calahorra, el Vallado, Campobajo, la Torrecilla, Perdiguero, Sorbán, la Marcu o en la misma meseta donde se levanta Calahorra, han aparecido evidencias arqueológicas que así lo demuestran. Para el segundo siglo a. de C. estas poblaciones dispersas desaparecen y surge con fuerza la Calagurris ibérica como importante centro urbano de toda esta zona.

En el siglo I a. de C. la presencia romana y su influencia es completa. Tiberio Sempronio Graco funda Gracurris (Alfaro), que se convirtió junto con Calahorra en la cabeza de puente para la posterior anexión militar de la Meseta. Por esta época en Calahorra se desarrolló con especial virulencia el enfrentamiento de Sertorio contra los generales Pompeyo y Metelo que querían devolver a la metrópoli del Imperio las tierras de Hispania.

Del asedio y destrucción de Calahorra en el año 72 surgen las leyendas que convierten a nuestra ciudad en una segunda Numancia, capaz de resistir hasta el último hombre. Aquí se acuñó la célebre "fames calagurritana" para justificar la necesidad de los sitiados de comer carne humana para poder sobrevivir. También la leyenda de la Matrona, última mujer superviviente, que hacía fuego por las noches en todas las cocinas del pueblo para que el humo de las chimeneas engañara a los enemigos y les hiciera creer que todavía quedaba mucha gente con vida.

Bajo los reinados de Augusto y de Tiberio, Calahorra alcanza un gran esplendor. Había foro, teatro, termas, baños y un lago artificial para juegos que ocuparía lo que hoy es el Paseo del Mercadal. De esta época procede la "Dama de Calahorra", bella cabeza de una Minerva Pacífica, de mármol blanco que podemos contemplar en el Museo Municipal.

Por primera vez se cita a Calagurris en relación con la religión cristiana con motivo del martirio de Emeterio y Celedonio, dos hermanos, soldados de la Legión VIIª Gemina. Lamentablemente la oscuridad documental que rodea a estos dos personajes hace imposible cualquier conjetura histórica que pueda satisfacer nuestra curiosidad. La fecha de su muerte debió ocurrir hacia el año 300 y la tradición supone que el escenario donde ocurrió el martirio sería la zona donde hoy se levanta la Catedral. Lo que es incuestionable es que muy pronto fueron tomados como símbolos y ejemplo a seguir por la comunidad cristiana en rápido crecimiento. Hoy, todavía siguen siendo considerados los patronos de Calahorra.

El año 348 nace otro célebre personaje: Marco Aurelio Prudencio. Tres ciudades se disputan el privilegio de ser su lugar de nacimiento, Tarragona, Zaragoza y Calahorra, pero nuestra ciudad es la que cuenta con más argumentos a su favor, y aquí es donde pasó sus últimos días. Fue abogado y desempeñó altos cargos en la Administración romana de la época, siendo Gobernador de importantes ciudades. Escritor prolífico, redactó un conjunto de unos veinte mil versos en composiciones métricas que seguían los ritmos latinos clásicos. Con toda justicia se le ha considerado el educador de Europa durante la Edad Media. Es, indudablemente el calagurritano de más proyección universal y el autor de una obra sin cuyo conocimiento es imposible comprender la cultura medieval europea.

En este mismo siglo IV se formaría la sede episcopal de Calagurris, que con el tiempo llegaría a ser la capital religiosa de gran parte del Norte de la Península, abarcando desde la Cordillera Ibérica hasta el Mar Cantábrico. Los datos de los primeros obispos nos son desconocidos, pero en el siglo V tenemos ya perfectamente documentado la existencia de un obispo calagurritano, de nombre Silvano, de gran prestigio en su época.

Durante la dominación árabe Calahorra fue una ciudad codiciada por musulmanes y cristianos dada su importancia estratégica. Fue conquistada y perdida varias veces. Por fin, el rey García III el de Nájera la conquistó para el Reino de Navarra en abril del año 1045. A partir de esa fecha fueron los reyes navarros, aragoneses y castellanos quienes se la disputaron encarnizadamente.

El año 1255 el rey D. Alfonso el Sabio concedió el mercado semanal que todavía hoy sigue celebrándose. En el año 1366 fue proclamado rey, en esta localidad, D. Enrique II de Trastamara. Los Reyes Católicos expulsaron a los judíos de España y donaron a la Catedral de Calahorra la importancia sinagoga judía que se levantaba en lo más alto de nuestra ciudad y que fue convertida en ermita bajo la advocación de San Sebastián.

La conquista de Navarra por los Reyes Católicos en el año 1512, supuso la definitiva pacificación de la frontera militar castellana con Navarra y Aragón, lo que significó un gran alivio para las gentes de una ciudad que han sufrido, a lo largo de la historia más asedios que ninguna.

En el siglo XVI desarrollaron su actividad en Calahorra personas de gran valía intelectual, incluso humanistas, como el Deán Ortuño. En ese ambiente se crió el carmelita Juan de Jesús María, escritor religioso de alta calidad.

Fue sede del tribunal de la Inquisición durante 50 años. En esta época se asentaron diversas órdenes religiosas y se produjo una gran actividad constructora. Sin Embargo, perdió el papel fronterizo y militar, dejó de ser la primera ciudad de la región en beneficio de Logroño.

A partir de ese momento, su principal función siguió siendo la religiosa y los eclesiásticos el grupo social más influyente. De ellos dependían el hospital, el estudio de gramática o el teatro. Influían en la política local ya que con frecuencia respaldaron acciones contra el mal gobierno de la ciudad. También era el grupo social que reunía el mayor número de propiedades agrícolas y urbanas.

El siglo XVIII debió ser un período prospero a tenor de las abundantes construcciones de la época que se conservan y por los numerosos artistas, calahorranos o no, que ejercieron su actividad y tuvieron taller abierto en Calahorra.

En el siglo XIX se produjeron dos hechos decisivos para la transformación de la ciudad: la llegada del ferrocarril y el desarrollo de la industria conservera. Ambos provocaron la expansión urbana fuera de las murallas del siglo III. Es significativo que el mismo año que llegó el ferrocarril a Calahorra (1863) se derribase la puerta principal de la muralla, "La puerta Vieja".

En 1867 se termina la construcción del puente de hierro, recientemente desaparecido, que sustituía a otro de madera de 1845, y que modificaba el trazado de las carreteras y el acceso a la ciudad que había subsistido desde la época de los romanos.

La industria con el desarrollo social y financiero y su dependencia del transporte del transporte, introdujo nuevas exigencias urbanísticas y nuevos modelos arquitectónicos.

La modernización del siglo XIX impulsó con tal fuerza la vida de la ciudad que hoy ha cuadruplicado su extensión, aunque a costa del deterioro de la ciudad histórica, cuya lucha contra estos problemas empieza a dar fruto.

En los últimos tiempos Calahorra ha reforzado su papel de cabecera de comarca dotándose de servicios sociales, administrativos y urbanos; ha creado espacios verdes y de ocio y une a su dimensión histórica una faceta moderna y dinámica.

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