Una tierra como esta, capaz de proporcionar los más deliciosos
cultivos de huerta, es lógico que haya inventado las mejores recetas para
cocinarlos. Si la calidad de los productos es una buena condición para el
éxito, la más exquisita menestra de verduras, a partir de las habas,
alcachofas, acelgas, guisantes, zanahorias, cardo, espárragos,
coliflor... recién robados a la tierra. Después ya discutiremos sobre
las dos posibilidades de preparación: la más difícil es cocer las
verduras antes de guisar; algo más de tiempo supone rebozarlas, pero el
esfuerzo merecerá la pena.
Los pimientos rojos de Calahorra han alcanzado fama internacional. Bien
solos, asados o cocidos, bien como guarnición para carnes, o como soporte
para unos increíbles pimientos rellenos, suelen convertirse, en muchas
ocasiones, en el plato estrella del menú.
En los últimos años se ha impuesto en Calahorra el cultivo de la
coliflor. Su éxito se basa en que pocas plantas, dentro del capítulo de
las hortalizas, tienen la propiedad de florecer en invierno, con bajas
temperaturas. Es decir, a su indudable valor alimenticio, rico en
proteínas, vitaminas y minerales y bajo en calorías, hay que añadir la
oportunidad de su época de recolección, cuando apenas hay hortalizas
frescas en el mercado. Precisamente el frío, que normalmente es un gran
enemigo de la agricultura, aquí se convierte en un factor decisivo para
que la "pella" se forme lentamente y adquiera esa firmeza y
blancura tan características que determinan su calidad.
Se cree que es originaria de Asia Menor y quizás por ello, se denomina
"Col de Chipre" o "Col de Pompeya". En España los
árabes ya conocían su cultivo. En un tratado de agricultura del siglo
XII se citan tres variedades de una denominada "Col de Siria".
Para hacernos idea de la importancia de este cultivo en Calahorra hasta
dar unos pocos datos numéricos: en La Rioja se obtiene un 16% de la
producción total española y dentro de La Rioja, Calahorra con sus 800
Has. es la primera localidad, seguida a considerable distancia por Alfaro
(140 Has.).
Su elaboración en la cocina es sencilla, pero deben tenerse en cuenta
ciertos factores, que van desde su correcta elección y limpieza hasta su
cocción. Una buena coliflor debe tener color blanco lechoso o ligeramente
crema, pero nunca amarillento; compacta sin manchas de humedad. Puede
cocerse entera, haciéndole un corte profundo en el tallo para que penetre
bien el calor, o en ramilletes, siempre en abundante agua hirviendo con
sal y zumo de limón. Su olor, característico, impregna todo el
habitáculo; lo anularemos poniendo en el agua de cocción una miga de pan
mojada en vinagre, o sobre la tapa de la cazuela unos trozos de cebolla.
Debe quedar tierna pero sin deshacerse. Luego se escurre y se prepara
según la receta que se elija, que bien puede ser "al ajillo",
con un sofrito de aceite, vinagre y pimentón, gratinadas, en salsa
vinagreta, como acompañamiento en patatas o alubias...
Como dulce típicamente calahorrano hay que considerar a la
"barrilla" de guirlache con anises, especie de turrón casero
con caramelo almendrado. La tradición hace que sea un regalo obligado el
día 25 de noviembre, fiesta de Santa Catalina.